Profesión Perpetua

 “Me mostraré agradecida por mi vocación, procurando con la ayuda de Dios, que esta gracia produzca en mí frutos visibles”.
Madre Paulina.

Una profunda alegría y gratitud son las emociones que embargan mi corazón en estos instantes, por todos los momentos vividos los días previos al 30 de abril y ese mismo día de mi Consagración definitiva.

En primer lugar quisiera agradecer a Dios el don de la vida y la gracia de haberme llamado a la Vida Religiosa. Asimismo agradezco a mis padres por haberme dado la educación humana y cristiana, además de transmitirme los valores que me han ayudado a crecer y convertirme en la persona que soy ahora. Igualmente agradezco infinitamente a mi Familia Religiosa de las Hermanas de la Caridad Cristiana de la Inmaculada Concepción, por la acogida y confianza durante estos diez años, el testimonio de entrega, alegría y fraternidad de cada una de las Hermanas con las que he compartido durante este tiempo, especialmente elevo mi acción de gracias por aquellas Hermanas que han sido mis Maestras y que me acompañaron en las diferentes etapas de mi formación religiosa desde el Postulando hasta el Terceronado, quienes supieron mostrarme el valor y el sentido de la vida Consagrada, según el Carisma de nuestra Amada Fundadora.

El día de mis Votos Perpetuos fue realmente significativo y de un mayor compromiso con el Señor, ya que me entregué con todo lo que soy y tengo, ya no por un año renovado durante estos seis años, sino ahora por toda la vida. Estoy feliz de pertenecer a Cristo y vivenciar en el día a día el sí para siempre hasta que descanse en Él, en la eternidad.

Fue una celebración sencilla y profunda, la Eucaristía fue precedida por Monseñor Juan Ignacio González . Sus palabras de la homilía todavía resuenan en mi corazón con fuerza, algunas de las cosas que más destacó fue la importancia de la oración y la vida comunitaria.

Luego de terminada la Celebración Eucarística nos dirigimos al comedor para seguir celebrando y compartiendo. La dedicación y los detalles con las que las Hermanas de Comunidad prepararon todo este día, me colmó profundamente el corazón y pude ver que con cada gesto, palabra, abrazo, sonrisa expresaban que esta fiesta era de todas.

Que María Inmaculada y la intercesión de todos los santos suplicada ese día iluminen mi camino y fortalezcan en mí el deseo de vivir conforme a la Voluntad de Dios, y entregarme con total generosidad a nuestros hermanos, donde sea enviada.

De todo corazón agradezco a cada una de las Hermanas por haberme acompañado ese día con su oración, los gestos de cariño, los innumerables saludos y buenos deseos que recibí. Además agradezco el hecho de haber podido tener una semana más en silencio y de intimidad con el Señor, para elevar un canto de alabanza y acción de gracias.

Finalmente puedo decir que una forma con la cual puedo pagar al Señor por tanto bien recibido, es dando una respuesta fiel y alegre allí donde me encuentre. Con un gran abrazo en el corazón de Jesús,

Su agradecida, Hna. María Ester.

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