Historia de la Congregación en Chile

                                          "Vamos por Dios y con Dios"

Antecedentes: El año 1852, Chile recibió un fuerte impulso extranjero, acogiendo colonos alemanes, desde Valdivia hasta el canal de Chacao. Los esforzados alemanes, se abrieron paso a través de bosques y otros obstáculos conquistando la naturaleza y fundando ciudades y pueblos. Pero estas familias alemanas carecían de medios para la educación de sus hijos y su formación religiosa, para lo cual recurrieron a la  Iglesia.  Los Obispos de Alemania acogieron las peticiones de sus pares y observando los acontecimientos políticos que se desarrollaban en el país, buscaron los medios para ayudar a sus compatriotas de acá.

Se dirigieron a la Congregación de la Madre Paulina von Mallinckrodt, cuya misión era la educación de la niñez y juventud, que se  encontraba en dificultades por la  persecución del sistema de gobierno, llegando a cerrar sus escuelas y confiscar los bienes de la floreciente Congregación. Viendo en eso la Providencia de Dios, la Madre Paulina aceptó enviar Hermanas para hacerse cargo de escuelas para los hijos de los colonos alemanes y su formación religiosa.

El Obispo de Ancud, Monseñor Francisco de Paula Solar fue el solicitante que se preocuparía de las Hermanas. El 8 de Septiembre de 1874, partieron desde Paderborn las 12 primeras Hermanas. La Madre Paulina las acompañó hasta Burdeos donde se embarcaron .

 Las doce Hermanas eran: Sor Gonzaga Kreimborg, Sor Inocencia Saenger, Sor Lorenza Kochler, Sor Domínica Niesmann, Sor Federica Fleitman, Sor Digna Lackamp, Sor Hilaria Kerler, Sor Christina Altegoer, Sor Adolfina Hufnagel, Sor Egidia Hufnagel, Sor Honorata Hengstebeck, Sor Eudoxia Bracht. Todas venían  con gran confianza en Dios y animadas con la mejor voluntad. Su lema era:”Vamos por Dios y con Dios”.

Llegaron a Valparaíso el 21 de Octubre, donde fueron recibidas por Monseñor Francisco de Paula Solar, quien las embarcó para Ancud, su lugar de destino, donde llegaron el 3 de Noviembre de 1874, siendo recibidas con mucha alegría por los habitantes y pronto comenzaron su trabajo en el Hospital de Ancud, primeramente y luego en una escuela.

El 3 de Enero de 1875, cuatro Hermanas: Sor Inocencia, Sor Federica, Sor Egidia y Sor Honorata, viajaron a Puerto Montt, para trabajar con los enfermos y los niños. En Abril se abrió una Escuela que recibió el nombre de “Colegio Inmaculada Concepción”, que fue aumentando su alumnado de manera asombrosa, con hijos de colonos alemanes y de la región. Como las Hermanas eran insuficientes para el trabajo, se solicitó ayuda a la Madre Paulina y ella envió al año de permanencia otras seis Hermanas.

En estos primeros tiempos ya comenzaron a pedir la admisión a la Congregación jóvenes de Chile que tenían inclinación por la vida religiosa. Por este motivo se estableció la Casa de Ancud, como Casa Madre de la Provincia y Noviciado.

En 1876, se vio la necesidad de fundar un establecimiento que acogiera niñas pobres de Puerto Montt y alrededores, dándoles hogar y bajo la protección de San José se abrió un hogar con internado donde se proyectó la caridad de la Madre Paulina.

Luego en la Diócesis de Concepción ofrecieron dos Casas, una en la ciudad y otra en Lebu. Pronto en Valdivia se solicitaron Hermanas alemanas para atender el Hospital y en al año 1878 se hicieron cargo de su dirección. Así fue creciendo la Provincia Chilena. De Santiago  se las llamó para hacerse cargo de un asilo para huérfanos de la guerra del Pacífico que más tarde se llamó Casa Purísima. La autorización para este Establecimiento fue dada por la misma Madre Paulina que se encontraba en Chile. Ella, preocupada por la situación de guerra en el país, viajó a Chile. Aquí comprobó el buen espíritu reinante en las comunidades y pudo conocer todos los campos de apostolado de las Hermanas y también a las Hermanas chilenas que ya eran bastantes. El 22 de Febrero de 1880, la Madre se despidió de las tierra chilena diciendo:

                          “Dios las bendiga, Hermanas, Dios bendiga a Chile”

Su obra continuó extendiéndose en diferentes ciudades, en Colegios y Hospitales y  la Provincia creció, siendo necesario trasladar la Casa Provincial de Ancud a Concepción por la cercanía del centro del país.

Las Hermanas ejercieron su labor  con abnegación y alegría y cada año ingresaban jóvenes al Noviciado, y llegaban nuevos grupos de Hermanas de Alemania.  La labor de las Hermanas era apreciada por su espíritu de entrega a los respectivos apostolados, educacional y hospitalario. Sin embargo  algunas  fundaciones debieron suprimirse más tarde por variadas circunstancias: escasez de Hermanas, falta de preparación para determinados  apostolados y también situaciones accidentales como el Colegio de Copiapó abierto en 1883, que  fue destruido por un terremoto en 1922, por lo que se retiraron las Hermanas.

Pasando la frontera, en 1884, se fundó una casa con escuela para niñas en Melo, Uruguay, pero por la soledad en que estaban, la Madre Gonzaga vio la conveniencia de fundar otra escuela en Montevideo. Las nuevas vocaciones se formaban en el Noviciado en Chile, pero a partir de 1927, constituyeron la Nueva Provincia Uruguayo.Argentina.

Entre los años 1890 y 1910,surgieron nuevas Fundaciones, especialmente de Colegios que hicieron un gran aporte a la educación chilena. Desde los comienzos los Colegios llevaron el nombre de “Inmaculada Concepción”, porque en ellos se cultivó una gran devoción a la Virgen María, tan propia del pueblo chileno. En Talcahuano, San Fernando, Cauquenes, Concepción, Santiago, Valdivia, los Colegios florecieron conservando siempre el espíritu caritativo de nuestra Madre Fundadora, conscientes de su misión de formar jóvenes cristianos, abiertos a los valores del Evangelio y capaces de construir un mundo de paz y amor.

   No faltaron las dificultades en la Provincia. En 1905 un brote de viruela en Ancud, arrasó con la mitad de la población y las Hermanas se dedicaron noblemente a la atención de los enfermos. También incendios y terremotos, han destruido varios Colegios, pero siempre el Señor ha suscitado el apoyo generoso de otras Provincias, que han hecho posible reunir los recursos para levantar los nuevos edificios, muchas veces con mejores medios.

  En 1907, el 28 de Septiembre la Casa Provincial se trasladó a San Bernardo constituyéndose  en el corazón de la Provincia, y al año siguiente, en Marzo, se fundó junto a esta Casa el actual Colegio.

En 1932, se fundó en Santiago, la Casa San José, destinada al cuidado de las Hnas. ancianas y enfermas, donde permanecieron hasta 1993, año en que se trasladó la Casa a San Bernardo, en una moderna, sólida y cómoda construcción, con mejores medios para la atención de las enfermas, que ofrecen con amor sus sacrificios y oraciones por la Provincia.

De 1940 a 1966, las Hnas. desempeñaron una eficiente y abnegada labor en la Clínica de la Universidad Católica, de donde se retiraron por falta de personal  necesario.

El año 1938, arribó el último grupo de Hnas. alemanas.

Conscientes de las nuevas líneas apostólicas de la Iglesia con la participación de los laicos, en 1996 se creó la Comunidad Laical Inmaculada Concepción, cuyos miembros se esfuerzan por conocer y vivir el Carisma de la Madre Paulina. Actualmente llevan el nombre de Comunidad Eucarístico Mariana Inmaculada Concepción, CEMIC.

En 1985, en San Bernardo, se comenzó la construcción de la nueva casa Madre, en el mismo lugar de la anterior, destruida por sucesivos terremotos. El actual edificio se inauguró en 1988. En el año 2007 se celebró solemnemente el Centenario de esta Casa Provincial, lugar donde se alternan oración, estudio y trabajo, como entrega al Señor que ha llamado para continuar la obra de la Madre Paulina, en esta tierra chilena, para Su mayor gloria y bien del prójimo, al amparo de María Inmaculada. Por eso hoy podemos decir con nuestra Beata Madre: 

"Pongo toda mi confianza en el Señor y espero de su misericordia todo bien"

 

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